La princesa Mischa estaba triste, se encontraba sola en el reino de las hadas, tenía el corazón afligido y ya no podía seguir llorando. Sus padres estaban muy preocupados pero no sabían como ayudarla así que siempre conseguían joderlo todo un poquito más, que comiera cuando la melancolía arrasaba su esencia, que se arreglara y saliera con chicos cuando lo que menos le apetecía es que el sol viera su cara, que oliera flores silvestres cuando lo que tenía ganas de oler era la María cultivada. Sus amigas tampoco sabían como la podían ayudar así que poco a poco se fueron alejando de ella hasta dejarla todavía más sola, sin tener ningún confesor, sin tener un hombro en el que poder apoyarse y llorar o reír o desatar su furia convertida en ira.

Mischa se sentía mal y creyendo estar maldita cogió todas las cosas que sus antiguos amantes le habían regalado e hizo un pequeño montón en un claro del oscuro bosque que separa el mundo de los humanos del de las hadas, prendió fuego al montón y las llamas lo consumieron, llamas de colores la envolvieron y arrodillada rezo a sus dioses. Su corazón se abrió y de él broto una burbuja que la princesa sostuvo con una mano, la burbuja, cómo cualquier otra, reflejaba los colores, era ligera y creada del agua, en su interior parecía encontrarse una chica atrapada, una joven de cabellos alba y de ojos atardecer, desnuda, en el suelo al igual que Mischa, que se enamoro de ella nada más contemplarla, intento tocarla y la burbuja se hizo agua apagando las llamas que la rodeaban.

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-Te encontrare mi niña perdida, te encontrare –dijo Mischa con tono decidido.

Y se adentro aún más en el bosque y dejo de estar en él para introducirse en el mundo de los humanos, unas criaturas que antiguamente creían en las hadas y las idolatraban hasta que les declararon la guerra con cruces de fuego y torturas inimaginables, pero Mischa antes las leyendas, las historias y los cuentos de aquella época no se dejo amilanar y corrió más deprisa al recordar todas esas fábulas, más deprisa al encuentro de la chica de la burbuja.

Se encontró en una calle oscura, cambió su aspecto, escondió sus alas y porto la ropa de los humanos. Un hombre grande, de color negro le invito a pasar a una casa con luces azules de la que provenía una música infernal tan alta que Mischa creyó que los oídos le estallarían, dentro los humanos se movían al ritmo de la música, fumando, bebiendo y agitándose unos a otros, sentía perfectamente su corazón palpitando, la sangre recorriendo su cuerpo cuando otro humano la cogió de la muñeca y empezó a hablarle en su idioma, que ella desconocía, casi gritándole, acercándose a ella, igual hicieron otros hombres que se aproximaban, que empezaban a tocarla, cogían sus ropas y las movían intentando quitarlas. El nerviosismo conquisto a Mischa y pronunciando estas palabras: Ni shina ni mai, se aturdieron, dejaron de molestarla y se sentaron en el suelo incapaces de saber lo que les había pasado, uno de ellos corrió hacía otra habitación más pequeña mientras vomitaba sin parar.

El corazón de Mischa se agitaba, palpitaba mucho más deprisa y la sangre ya no recorría su cuerpo con normalidad, cerro los ojos y sintió a su muchacha de la burbuja, bailando como una posesa con un humano que vestía como una mujer, se acerco Mischa y la miro con ojos penetrantes hablándole a su alma, con manzana en los labios, la chica se le quedo mirando, que chica más extraña pensó e intento seguir bailando pero es que no podía, no podía dejar de mirarla y poco a poco fue acercándose a ella pero no estaba, ya no estaba.

Noemí, pues ese es su nombre se fue para casa cuando fueron las tres de la mañana, nadie la acompañaba, paseaba por calles oscuras y no había luna en la noche, el viento agitaba a los árboles que hablaban entre silbidos, pero esos silbidos no eran otra cosa que duendes que buscaban a la princesa perdida ya, poco tiempo tengo se decía Mischa mientras seguía entre las sombras a Noemí.

Llego a casa casi corriendo, le había asustado un perro y prefiero hacer la tonta a poder llevarse un susto, tenía que empezar a dejar de escuchar esas canciones que hablan de asesinatos y muerte, pero es que le gustaban tanto.

Noemí entro en casa, todo el mundo dormía ya, ella hizo su cama y se acostó. Entre sueños oía voces que le hablaban en extraños idiomas que no llegaba a reconocer ni a relacionar con nada. Noemí dormía desnuda, cubierta por un ciento de mantas.

Esas voces eran las de Mischa que lanzaba su hechizo para crear un mundo entre sueños, un mundo perfecto que le serviría para acercarse a Noemí.

En ese mundo perfecto Noemí se encontraba en un pequeño circulo formado por un montículo de piedras, piedras pequeñas y lisas, piedras que la reflejaban como potentísimos espejos. Fuera del montículo había plantas, exóticas de todas las formas y colores, nunca vistas, plantas con flores, frutos y grandes raíces que plagaban todo el suelo. Entre rama y rama corría una criatura maravillosa, con alas de mariposa, con ojos verde prado, con la piel afrutado, cabellos al viento y más intensos que la misma madera. Esa criatura llego andando, llego al montículo y ante él se arrodillo pero se arrodillaba ante Noemí. Era Mischa que se presentaba ante su amada. Con los labios untados por le néctar de mil flores y el cuerpo cubierto de aceites naturales.

Entró Mischa en el pequeño circulo y se sentó junto a Noemí.

-Te deseo desde el primer momento en el que te intuí –le dijo Mischa a Noemí.

Noemí no sabía que contestar, le recordaba profusamente a la chica rara que había visto esa noche en la discoteca, pensó que era un extraño sueño y se dejo llevar, total por la mañana tal vez ni siquiera recordará nada y los sueños, sueños son.

Se abrazó a Mischa y comenzó a besarla. La lengua de Noemí se aventuraba mucho más deprisa que la de Mischa, si se trataba de un sueño Noemí tenía ganas de acabarlo cuanto antes para luego volver a dormirse profundamente. No le parecía extraño soñar con follarse a una mujer o en este caso a un hada o una ninfa, ya había tenido sus experiencias lesbicas y nada de eso podía asustarla o amilanarla.

Se besaban sus labios y sus lenguas llegaban a partes de su anatomía que ambas desconocían. Mas la lengua mágica de Mischa se envalentono y nadie pudo pararla en aquellos instantes que durarían horas la lengua de Mischa se extendió por todo el cuerpo de Noemí, bajo por su garganta y atravesó lugares imposibles de atravesar hasta llegar a su vagina, allí el placer era máximo, levantó Mischa a Noemí del gusto, suspendida en el aire tan sólo apoyada en la lengua de Mischa. El orgasmo le duro horas, su vello se erizó, la carne de gallina se congelo y se calentó. Chorretones de su esencia se derramaban poco a poco, una parte era recogido por Mischa y otra se iba acumulando poco a poco en la cama. Una cama empapada ya.

Mischa sacó su lengua del interior de Noemí, ella apenas pudo cerrar la boca. Le costó mucho pero lo logro. Mischa sonrió y tras conseguir lo que vino a buscar se marcho. Por la mañana Noemí estaba perpleja, sus bragas estaban rotas, su cama mojada, ella misma lo estaba, la ventana abierta y un amargo sabor en la boca.